Valencia, Una Invitación a Quedarse

valencia portada

Negociada. Así fue la decisión de visitar Valencia. Ana Luisa estaba a punto de tomar las tijeras y cortar el itinerario y quería que la primera víctima fuese Valencia. Desde un principio esta ciudad fue un bonus track en nuestros planes. Entre medio de dos “imperdibles” como lo son Madrid y Barcelona; Valencia se coló por referencia de personas que nunca habían ido pero que habían escuchado por el tío del primo del vecino que le habían dicho que habían visto que era bonito, y por supuesto, fotos de Google. Para ser honesto, a pesar de lo sólida que eran las recomendaciones, lo que terminó por convencernos fue que hacer una parada aquí, nos haría más relajado el camino a Barcelona desde Madrid. Déjenme decirles desde ya, que no defraudó. Así que pueden seguir leyendo.

Primera impresión

Nuestra primera impresión, fue una confirmación de expectativas, al encontrarla efectivamente una mezcla a las dos grandes ciudades antes mencionadas. Tiene una costa extensa de playa tal como la ciudad catalana y muchos parques, algunos realmente enormes como la capital. Sin embargo, se siente de inmediato una ciudad más liviana que las otras dos. Con menos turistas por metro cuadrado y menos gente en general, se puede caminar con bastante más relajo. También se siente menos seria, más pausada, más pueblerina quizás. Esto sin sacrificar las propiedades de una ciudad capitalista hecha y derecha como tiendas y malls por todos lados en especial en el centro. Pero sin dudarlo, nos dimos cuenta que tiene su propia voz, y hasta su propio idioma; y tras conocerla sin duda se transformó en una de mis ciudades favoritas.

Valencia lotja naranjas
Naranjos de Valencia

El Alojamiento...

Recién cumplido el hito de la primera semana de viaje, nos cambiamos a esta ciudad, llegando un domingo por la tarde. Tras 4 horas en un comodísimo bus (¡que grande Avanza bus y sus pantallitas tipo avión!) llegamos muertos de hambre a Valencia a nuestra primera experiencia de AirBnb: La casa de David.

Aquí arrendamos una habitación con derecho a ocupar algunas instalaciones de la casa. En fin, al llegar finalmente a este céntrico lugar, nos recibió el dueño de casa. Aparentemente no era español, o quizás no le gustaba hablar, o quizás nos encontró hediondos, pero apenas nos dijo hola al llegar. Luego, al cruzar la puerta, nos encontramos con la primera “exotiquez” como diría Ana Luisa: una cabeza de alce. No sé de qué revista de decoración la sacó, pero ciertamente es un excelente espanta visitas (cada vez que llegábamos en la noche al menos uno de los dos saltaba al llegar). Pero esto no termina aquí; al llegar a la pieza, nos esperaba la mejor sorpresa, la cama era corta. No angosta. Corta. Unos 10 centímetros fuera de norma. Lo que confirmaba que David compraba sus muebles en el mercado negro pigmeo.

La Vuelta de Reconocimiento

Después de terminar el proceso de asentamiento, fuimos a hacer nuestra clásica vuelta de reconocimiento de alrededores, la cual esperaba que empezara con un rápido almuerzo/once/comida considerando que eran las 5 de la tarde y no habíamos comido nada desde el desayuno. Pero, para variar mi amiga, no se decidía que quería comer. Nada le tincaba. Seguro lo han vivido queridos amigos. Creo que este video que me sacaron, retrata con exactitud la situación.

Finalmente, luego de demasiado tiempo, entramos a los 100 montaditos. Para los que no lo conocen, es como el McDonalds de las tapas en España. Se puede comer mucho por un monto razonable. Luego de esto dimos por terminado el día y nos fuimos a dormir en la cama de Mini Me.

Día 1

Ciudad de Artes y Ciencias

valencia ciudad artes y ciencias

Luego de una muy esperada mala dormida, decidimos partir al hoy más famoso lugar de Valencia: La Ciudad de Artes y Ciencias. Este es un complejo de edificios complejos (valga la redundancia) donde hay una sensación como que uno está en la ciudad de Atlantis; donde se encuentra el Palacio de las Artes Reina Sofía (centro de eventos artísticos), el Ágora (centro de eventos), L’Hemisfèric (cine tipo IMAX y planetario); Museo de las Ciencias Príncipe Felipe; y El Oceanográfico. Nosotros entramos solamente a los dos últimos, ya que son los únicos que no tienen horas definidas de funciones.

L'Oceanogràfic

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L'Oceanogràfic

El primer edificio que entramos es El Oceanográfic, que es el acuario más grande de Europa en la actualidad. En este lugar, se puede encontrar gran cantidad de especies, y siendo honesto, vale la pena porque no son las típicas que uno ve en las exposiciones temporales que hay en las ciudades o en acuarios pequeños con problemas de infraestructura donde creen que poner a un Nemo y a una Dory es suficiente para cobrar entrada. No en este parque. Aquí hay animales contundentes: morsas, belugas, pingüinos, morenas, mantarrayas y tiburones. Todos en grandes cantidades, con mucho espacio y mucho estilo por lo demás.

Ya que el edificio es de diseño muy especial como comenté al principio. En un par de horas se puede recorrer completo y es una sana entretención apta para toda la familia. Mención honrosa a la exposición de aves, donde te invitan a entrar a la mega jaula donde todas habitan. Solo una recomendación a los visitantes: NO ENTRAR. Salvo que quieran ser cagados por pájaros exóticos. Nosotros logramos evitar dos proyectiles a los pocos metros de entrar y luego tuvimos que emprender retirada veloz. Otros compañeros visitantes no corrieron con la misma suerte.

Museo de Ciencias

valencia museo de ciencias

Al salir, fuimos al Museo Ciencias. Quizás la mejor forma de describirlo, es que es un MIM (Museo Interactivo Mirador, Santiago, Chile) con esteroides. Es el mismo concepto: aprender de ciencia a través de experimentos simples disimulados a través de juegos, pero en una tremenda extensión. Se pasa bien, se aprende, pero no podría decir que es un imperdible desde el punto de vista de un viajero. Lo único que nos llamó la atención es que tienen una cabina que simula el proceso de empollado de huevos y ¡vimos a los pollitos nacer! Sin duda una experiencia religiosa.

Día 2

Mercado Central de Valencia

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Mercado Central de Valencia

Al día siguiente nos levantamos bien temprano para visitar el centro de la ciudad. La primera parada fue el Mercado Central de Valencia. El mercado en sí, no tiene novedad alguna. Vende comida y productos locales, todo arreglado en pasillos. Al final lo que varía de los mercados entre ciudades y países es más o menos el producto que venden y el nivel de producción al hacerlo. Por favor, no me malinterpreten; nos encanta ir a los mercados y siempre los recomendamos porque son puntos clave para entender el corazón de una ciudad. Sin olvidar, que se come siempre muy rico… Retomando, el Mercado Central de Valencia cumple con todo lo que se espera, pero lo hace con gran gusto por sus coloridos vitrales y cerámicas. Es sin duda un lindo lugar para estar y pasear.

Lonja de la Seda

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Vista del patio - Lonja de la Seda

Después del Mercado, a pocos metros de distancia, fuimos a visitar la Lonja de la Seda. Este, tal como su nombre lo indica, era el lugar físico donde se hacían las transacciones, principalmente de seda, en la Edad Media. Al entrar, uno puede percibir el nivel de riqueza de la ciudad en ese entonces, por la contundencia del edificio. Es una visita breve, pero indispensable para entender la historia de la ciudad.

Torre de Miguelete

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Vista desde la Torre del Miguelete

Luego de esto, nos recomendaron subir a la Torre del Miguelete. Esta es la torre del campanario de la catedral de Valencia. El gran atractivo es que desde aquí se logra una gran vista panorámica de la ciudad. Si hay tiempo y demasiadas ganas de sacar esa foto artística para el perfil de Facebook, hágalo. Si no, sálteselo y vaya directo al siguiente panorama que le voy a contar…

Paseo a la Playa

Con estas visitas a los monumentos claves, dimos por concluida la visita al centro (considerando que solo estuvimos dos días aquí). Ahora, de premio por terminar temprano las tareas, teníamos toda la tarde libre para ir a la playa. Se nos ocurrió hacerlo en bicicleta, para mover un poco el esqueleto y para poder abarcar más terreno. Y así, gorditos y muertos de frío, emprendimos rumbo hasta la playa Port Saplaya.

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Ciclovía en Jardín de Turia

Salimos del centro histórico por las Torres de Serranos, y entramos al Jardín del Turia. Este último es un parque que cruza prácticamente toda la ciudad. Está al nivel del río, por lo que no hay paso de autos. Solo hay una interminable ciclovía que llega al puerto, acompañada de canchas de fútbol, edificios culturales y jardines. Realmente fue exquisito pedalear por aquí.

Al terminar empalmamos por un área de oficinas, universidades y algunas tiendas hasta llegar finalmente a la Playa del Cabanyal. Aquí encontramos algunos restaurantes y hoteles con onda playera, pero que como era de esperarse (era día de semana en pleno invierno), estaba completamente vacío. Irónicamente en uno de esos lugares comí el peor Arroz a Valenciana que he probado. Luego seguimos nuestro camino, pasando por la playa La Malvarrosa, también desértica hasta finalmente llegar a Port Saplaya. Todos estos lugares hay que imaginárselos en pleno verano para entender su potencial. Ahora, Port Saplaya tiene un condimento extra: tiene una comunidad de casas con embarcaciones. Es un laberinto interminable de pequeños puertos que se comportan como un garaje de autos. Nunca habíamos visto algo así.

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Marina - Port Saplaya

Un Final Feliz

Después emprendimos rumbo nuevamente a “La casa de David”, con los pulmones oxigenados, los músculos cansados, la sonrisa de lado a lado y el “frote” irritado (los que andan mucho en bicicleta lo entenderán). A pesar que estábamos lejos de la temporada peak, tengo que admitir que en el corto tiempo que estuvimos, nos dejó una gran sensación esta ciudad. Tiene todo lo necesario para lo que considero un buen vivir: buena educación, infraestructura de calidad, parques y playa. De todas maneras, una ciudad para visitar, y hasta más…

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Port Saplaya

About the Author

Matías

Co-creador del blog; ha viajado durante gran parte de su vida, pero no fue hasta que conoció a Ana Luisa para que esta faceta se transformara en un estilo de vida. Mientras que viaja, además Matías siempre está creando nuevos negocios.

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